Su finalidad es alistar la leña que se utilizará durante los días de fiesta, 9, 10, 11 y 12 de diciembre, según la tradición, debe llevarse a cabo en el sector sur de la ciudad y no sobrepasar el 14 de noviembre que es la fecha oficial para esta actividad. Si esta quedara ubicada en un tiempo de trabajo, se realiza un conteo regresivo hasta llegar al sábado anterior al 14.
La Pica e Leña convoca a todas las personas que desean ser parte. Cada quien lleva sus implementos, hachas, machetes, otros, para picar la leña que se va a utilizar en todas las actividades que se realizan durante el Celebro en honor a la Virgen de Guadalupe,
En medio de ese jolgorio, pasaban las jarreras con sus vestidos limpiecitos y engomados y sus trenzas negras adornadas con flores de resedas, príncipe negro, Rosaté o Chirco, repartiendo entre los que picaban leña y los mirones, los guacales de chicha o chicheme o las jícaras de tiste, que servían para refrescar el calor y reponer las energías gastadas en el trabajo a unos, y a terminar de llenar la panza a los que solo mirábamos el aire impregnado con el perfume de la madera de los árboles recién derribados y las flores de Pito y campánulas que por estos tiempos revientan en todos los montes vecinos a Nicoya. Entre las doce y la una del día, al grito del Nacume o del Mayordomo, que indicaba que ya había leña suficiente, se dejaba de picar, los hombres con sus hachas al hombro y sus machetes en la mano, empezaban a desfilar, mientras que las mujeres y los muchachos recogían los trastos, los cargaban en las carretas, y en fila india se iniciaba el regreso a la Cofradía, en donde ya estaba esperando el almuerzo con sus tortillas panzudas del tamaño de la luna llena y los platos de arroz con chancho, carne en baho (bajo), frijoles y ajiaco que harían las delicias de los que habían trabajado y también de los gastrónomos mirones. [Pedro Arauz Aguilar, 1970]


